Roland Topor

París, 1938 – 1997

Los dibujos y escritos de Topor lo definen tanto como sus sentencias: «La moral y las leyes se han creado para destruir al individuo y hacerle aceptar su muerte». Cuando le preguntaron qué opinaba sobre el humor, respondió: «Si hablamos de humor estamos forzados aún a hablar de algo inglés. No me interesa el humor: me interesa lo burlesco, lo grotesco». En su obra trabajó las relaciones humanas sadomasoquistas: de poder, de amor y de lenguaje. Este último aparece roto, desencajado, y anticipa ese sesgo áspero y siniestro de las escenas toporianas. A través de su arte practicó, con voraz apetito, el canibalismo de rasgos humanos como el conformismo y el adocenamiento espiritual: «No hay que tragar ni un bocado de una persona que nos sea indiferente. Amigo, enemigo, pariente, bien. Extraño, nunca». Él, que dejó escritas las «Cien razones para suicidarse de inmediato», afirmó: «Cuando un hombre llega a mi edad, tiene derecho a sentarse en la cazuela y cocerse». Siempre elegir: morir o vivir sobreponiéndose al infierno de los otros: «La única rebeldía individual consiste en sobrevivir». Topor murió de un derrame cerebral. Sobrevivió a través de su obra. Nunca vivió arrodillado.